Domingo es Rastro para mí en Madrid.
Hoy no fue la excepción, fue el regreso después de un domingo fuera (Zaragoza)y otro dentro (Fiebre).
Entre el billón de cosas que se pueden encontrar, la mayoría inútil, hay libros.
No es cuestión de sacralizar el objeto: también allí los que más abundan son los casi inservibles.
No hablo de calidad, que de eso nunca se sabe; sino de practicidad: guías para conducir automóviles ya inexistentes, manuales de medicina tan viejos que parecen hablar del Neanderthal, tomos sueltos de enciclopedias de gobiernos de facto, manuales de usos y costumbres cincuenteros (he comprado un par), y una larga lista de etcéteras.
En una de las mantas tendidas en las calles del cambalache, encontré
"Máscaras Venecianas-La sierva ajena" en Edición Alianza Cien.
Un libro de bolsillo que me costó casi nada (1€) y ese casi nada es más dinero que comprarlo nuevo en Buenos Aires. Ésta es una edición que asoma en todas las librerías de la Av. Corrientes.
Quise releer y regalar, sobre todo por el primero de los dos cuentos que trae el pequeño ejemplar.
La vuelta en Metro y poco más duró la relectura de Máscaras Venecianas; y -como ya había hecho con La invención de Morel- Bioy Casares se anticipa a la cienca, convirtiéndola en ficción casi sólo por ese adelanto. Internet me dice que lo escribió en el '85. Puede ser antes también.
Una historia de desamor y la palabra carbónico deslizándose inocente al princio del relato. Una obra maestra, porque, además el autor la ha matizado con sentencias que parecen caer de soslayo, como al azar. Pero el azar está lejos. Quedé clavado en la página 15 y ya antes de bajar del vagón, pensaba en venir aquí a citarla.
Sí, este post fue un pedregoso preludio a esta frase del cuento, que aquí te dejo y luego sigo en otras cosas más urgentes, como hacer mi maleta para Italia. Ahí va, Bioy Casares dixit.
"Muchos opinan que la inteligencia es un estorbo para la felicidad. El verdadero estorbo es la imaginación."

























